653 - Experiencia


Todos apreciamos el valor de la experiencia. Tenemos la necesidad de acudir a las personas mayores en busca de guía y consejo, pues su conocimiento del mundo, de la vida y de la gente son una fuente invaluable para tomar decisiones.

La experiencia es el conocimiento adquirido en el transcurso de nuestra vida, ayudándonos a tomar mejores decisiones ponderando posibilidades y riesgos; aprendemos en la intimidad de nuestro ser, en la familia, con los amigos, a través de la lectura, en el trabajo. A pesar de todo esto, muchas veces seguimos tomando decisiones a la ligera, cometiendo los mismos errores y cerrando nuestros oídos a los consejos que nos brindan personas con mas visión que nosotros.

Aunque la edad es la que aporta experiencia, cada momento de nuestra vida ofrece un nuevo conocimiento y un panorama más amplio sobre cada circunstancia, nuestro pensamiento y actitudes se van modelando paso a paso, dando como resultado la madurez.

La experiencia es conocer a las personas, sus reacciones y las costumbres sociales; es también la paciencia para afrontar las contrariedades; forma una capacidad para hacer analizar con más profundidad los acontecimientos relacionando vivencias pasadas y adecuándolas al presente para emitir juicios más precisos, además de una marcada serenidad para tomar decisiones.

A diferencia de otros valores, la experiencia no es fácil de construir de manera activa. Podría decirse que la experiencia en su forma básica se modela con los golpes de la vida. Sin embargo sí podemos tener una actitud alerta y vigilante que nos permita sacar el máximo provecho de todas las circunstancias de la vida.

La experiencia es un valor fundamental en muchos ámbitos de la vida: con la pareja, en el trabajo, al tomar decisiones económicas.

Nuestra vida debe ser una rica variedad de sensaciones, acontecimientos y encuentros. La experiencia solo se modela viviendo y aprendiendo. Es ahí donde tenemos una diferencia fundamental con otros seres vivos. Los seres humanos no solamente aprendemos de los impulsos directos de nuestros sentidos (calor, frío, dolor), sino que somos capaces de analizar la información y generar nuevas alternativas.

El vivir la vida con profundidad y un esfuerzo por aprender de ella genera una percepción más exacta de la realidad, y en esa medida podemos darle su justa medida a todo. La experiencia nos ayuda a percibir la realidad como es, no como nosotros queremos que sea. Y esa percepción más exacta de la realidad nos lleva a tomar mejores decisiones, a ser más justos, a medir más nuestros impulsos. La experiencia y la prudencia van tomadas de la mano.

652 - Cuidado con las palabras



Era un experto en repetir las habladurías que llegaban a sus oídos. “Lo malo no es, dijo el maestro, que las repitas, sino que cada vez lo hagas con mayor maestría”.
La lengua es un miembro pequeño, pero puede mucho (St 3,5). Es cierto, con la lengua damos vida o matamos, ponemos alas en el otro o lo hundimos. La palabra es creativa o destructiva, según se la use.

Una palabra agradable, dicha en el momento oportuno, ilumina toda la existencia y ayuda a caminar. La palabra sabia orienta; la palabra cariñosa levanta y da ánimo; la palabra amorosa es fuente de energía y de bendición. Basta una sola palabra de vida para que la sanación ocurra al instante en quien la escucha y en quien la pronuncia.

Basta, sin embargo, una palabra hiriente para que el veneno del odio y el resentimiento aniden en el corazón. Basta una sola palabra para crear discordia, para destruir una vida, para matar el amor.

Hablar es muy fácil; saber callar ya es algo más serio, requiere prudencia y dominio. Saber hablar a tiempo, en el momento oportuno, es salvación para quien necesita esa palabra de vida; saber callar cuando la otra persona no está preparada para recibir un consejo o un reproche, es sabiduría que no tiene precio.

De la vida de Cristo me llama la atención, precisamente, el uso que hace de la palabra. Fue sincero, leal, acostumbrado a llamar a las cosas por su nombre. Llamó al pan pan y al vino vino. Con sencillez  enseñó a los discípulos a decir sí o no, según lo exigía la pregunta.

La palabra del Maestro fue amable, penetrante y convincente. Con ella cura, sana, levanta, anima y bendice. Pero también con su palabra denuncia la ceguera, la hipocresía, el mal. Él supo hablar para hacer el bien y supo callar ante las infamias y atropellos que le hicieron. Con su palabra encendía corazones y con su silencio desconcertaba al enemigo.

¿Cómo usamos la palabra?

Hay muchas personas que usan la lengua para hablar orgullosamente de sí mismos y mal de los otros. Hay quienes, como víboras, cada vez que abren su boca, arrojan veneno y pican a los demás. Pero también lo hay que usan la palabra para consolar, para restituir la fama de los otros, para aclarar chismes, para hablar bien del prójimo y mejor aún de Dios.

Si esto sucede con el hablar, lo mismo acontece con el callar. Hay personas que callan por cobardía, por quedar bien, por no comprometerse. Hay personas que tienen la obligación de hablar, de denunciar la injusticia y la opresión y callan e imponen, a su vez, un silencio sepulcral a los demás. Hay personas que se pasan toda la vida callados, simplemente por miedo, por cobardía, porque es más fácil, porque no tienen nada que decir. Sin embargo, los hay valientes que callan ante los defectos del hermano o cuando hablan bien de sí mismos o cuando son calumniados e injuriados. Es importante aprender a hablar y a callar. Es una asignatura pendiente que tenemos todos los humanos.
Eusebio Gómez Navarro OCD


651 - Presente


La vida no podemos medirla en años,
ni en días,
ni tan siquiera en cuartos de hora,
la vida es una sucesión de momentos que en
cadena y en el resplandor de un flash,
nos ilumina al fin de que vayamos
troquelando el camino que conduce
hacia nosotros mismos.

Sí, hasta el momento postrero nos queda
tiempo para escribir una palabra al menos,
sobre el blanco tapiz de la vida.
Y un momento es la salida del sol y el ocaso,
y un momento es la sonrisa de un niño
y el perfume de una flor,
y un momento es el repique de campanas
y el paso de un coche fúnebre,
y un pájaro que canta
y un ser humano que llora,
y un momento es la euforia
y otro la depresión y tristeza...

Sólo vivimos momentos sumergidos en el
vaporoso agridulce que, en definitiva, viene
a ser la vida, pero la vida fluye como los
ríos y nadie puede bañarse dos veces en
la mismo agua.

De ahí que la bebamos a conciencia de
que gota a gota corre sin retorno.
No hay marcha atrás en los momentos.
Tan sólo disponemos de ese maravilloso
momento que, en este mismo instante,
tenemos en nuestras manos.
¿Por qué no vivirlo con la exquisitez
de todo ordenado hacia Dios, hacia lo trascendente?

Mi momento presente, un amanecer de nubes,
el perfume de la hierbabuena en mi maceta,
una ambulancia que pasa...

Mi mejor palabra para acuñar todos
los momentos de mi vida:
AMAR AL PRÓJIMO COMO A UNO MISMO          


650 - Juzgando


Las personas que juzgan a los demás:
–Suelen detestar gran parte de su vida y por eso intentan en la medida de lo posible conseguir intoxicar a los demás.
-No están satisfechas con lo que hacen y llevan francamente mal que alguien si esté satisfecho.
–No son fáciles de detectar porque no son personas frías, ni en general tampoco tienen malos sentimientos. Pero están tremendamente frustradas y la frustración conduce a la agresión, que se manifiesta de muy distintas formas.
–Están atormentadas por las decisiones que han tomado, quizás impuestas desde afuera sin haber deseado esa elección. Mantienen una relación de conflicto psíquico con este tipo de eventos de su vida.
–Quieren justificar la trayectoria de su vida desacreditando la vida de otros. En ocasiones aluden al famoso enunciado : “Después de todo no estoy tan mal, mira a X”.
-Indudablemente, hablan de personas y no de ideas.
–Opinan de los demás no desde un prisma global que pueda hacer entender tanto los fallos y aciertos cometidos por esa persona. Juzgan basándose en heurísticos que les anclan en el reduccionismo, la simpleza y la subjetividad.
–Suelen tener unos valores que no son usados para dar calma a ellos mismos y a su entorno; sino para juzgar a los demás de forma continuada.
–Carecen de hobbies y actividades que les resulten interesantes.
-Son muy poco autocríticos con lo que ellos realizan. No les gusta sentirse juzgados en una tarea que implique demostrar desempeño.
–Se irritan con facilidad.
–Los éxitos de los demás se deben a causas externas, inestables y específicas, y los suyos a causas internas, estables e inespecíficas a la situación. Es decir, su éxito está justificado, el de los demás normalmente es fruto del azar.
-Creen que el hecho de que su entorno estén ocupados en juicios contra otros aplazará las opiniones que estos mismos tienen de su propio desempeño.
–No suelen expresar opiniones en presencia de muchas personas. No les resulta interesante como práctica, pues les puede dejar en evidencia.
– Sus críticas reflejan en la mayoría de las ocasiones el anhelo por experimentar lo que la vida les ha negado o ellos no han podido lograr.
-No se preocupan por mejorar. Consideran que la mejor vía para destacar es apagando el brillo de otras personas.
-Sus juicios pueden ser desde leves y privados; a públicos y peligrosos.
Debes ignorar a estas personas y jamás entegarles el poder de que puedan dañar tu reputación personal o profesional ante un gran número de amigos, familiares o cualquier otra audiencia.
Ante estas personas solo cabe la ignorancia como arma, aunque debamos estar alerta y preparados para que no sobrepasen los límites de nuestra intimidad a un nivel más que condenable.
  (Cristina Roda Rivera)

649 - Cobardía


La contraposición entre fe y cobardía se comprende si pensamos que toda fe exige una cierta dosis de valentía. Y más la confianza en Dios, el Misterio por excelencia. La fe tiene algo de riesgo, exige dar un paso adelante sin tener evidencia de lo que hay delante. Y el riesgo es para los valientes. Lo cobardes no se arriesgan. Hace falta ser muy valiente para seguir a Jesús, porque este seguimiento comporta el desprendimiento de aquellas seguridades que ofrece el mundo, como el dinero y el prestigio. Y, además, el seguimiento de Cristo puede terminar en la cruz, en el menosprecio del mundo. De esas mujeres y esos varones valientes que no temieron las burlas del mundo, dice la carta a los hebreos (11,38): “el mundo no se los merecía”. En efecto, eran personas de otro mundo, del mundo futuro.

Tomar en serio a Jesús, amar a los enemigos, poner la otra mejilla, perdonar setenta veces siete, bendecir a los que nos maldicen, compartir lo que tenemos con los pobres y poner toda nuestra esperanza en Dios, es propropio de personas muy valientes, “no de cobardes para perdición, sino de hombres de fe para salvación del alma” (Heb 10,39).
(Fuente: Dominicos)
“Cuando la Iglesia pierde la valentía, entra en la Iglesia la atmósfera de la tibieza. Los tibios, los cristianos tibios, sin valor… Eso le hace tanto mal a la Iglesia, porque la tibieza te encierra, empiezan los problemas entre nosotros; no tenemos horizontes, no tenemos valor, ni el valor de la oración hacia el cielo, ni el valor para anunciar el evangelio. Somos tibios… Pero tenemos el coraje de encerrarnos en nuestras pequeñas cosas, en nuestros celos, en nuestras envidias, en el arribismo, en avanzar de manera egoísta…”

 “Todas estas cosas no son buenas para la Iglesia: ¡la Iglesia tiene que ser valiente! Todos tenemos que ser valientes en la oración, desafiando a Jesús”. (papa Francisco)

648 - Perdón



Hace poco veía un reportaje de televisión donde se hablaba de la infidelidad y una mujer llamó hablando de algo que había pasado hace ya 10 años. Decía : "...y cometí el error de perdonarlo dos veces".

Esto me entristeció, primero porque era lamentable ver como esta mujer cargaba un resentimiento de 10 años en su corazón. Por otro lado me hizo sentir  triste comprobar que hablaba del perdón como un error que había cometido.

Amigos, cada uno de nosotros tiene la oportunidad de vivir de acuerdo a su decisión pero en definitiva no podemos cargar con resentimientos, dolores y rencores que solo hacen nuestra vida mas difícil.

Perdonar  no es un acto de "misericordia divina", sino que es algo que hacemos cuando queremos ser libres de esa carga. Lejos de lo que muchos piensan, el perdón no es un beneficio para la persona "ofensora" sino un beneficio, y muy grande, para la persona "ofendida".

Perdonar, algo que de momento quizás no sea fácil es ciertamente una de las mejores armas que tenemos para vivir tranquilos, amando a los demás y sin cargar la pesada carga del resentimiento y la amargura, mas pesados que el mismo acero sólido.

Recuerda que en cualquier momento las personas amadas a quienes tal vez, les guardas un resentimiento, pueden ser llamadas por el Señor. ¿Acaso deseas cargar con el resentimiento por el resto de tu vida?

Decídete a ser libre, y en el nombre de Jesús perdona para ser libre.

647- Amor


Ama sin reclamar nada, 
Porque el amor es desinteresado. 

Ama sin calcular las desventajas, 
Porque amar es sacrificarse. 

Ama sin poner condiciones, 
Porque el amor es darse. 

Ama sin exclusividades, 
Porque amar es compartir. 

Ama sin fecha y sin tiempo, 
Porque el amor es eterno. 

Simplemente ama...

646 - Experiencia de confianza


Todo lo pintas negro, mascullas lamentos, te desentiendes de todo. Ya no crees en el esfuerzo, ¿para qué luchar? -no lo lograré nunca- -siempre ocurre lo mismo-. El desaliento te inmoviliza, te paraliza, te impide reaccionar. Ya no eres tú quien dirige tu vida. ¡Ya no vives!

645 - Mal hecho


La mediocridad se define como lo mediano, subdesarrollado, de poco valor, ordinario, de calidad media o deficiente, como muchas cosas que hacemos en nuestra vida diaria. Cuando se dice de las cosas mediocres se refiere a todo lo que se ubica entre lo vulgar, lo imperfecto o lo que está mal hecho. Cuando se refiere a las personas, la mediocridad denota mediana inteligencia, de poca o ninguna importancia, de calidad media en sus caracteres o condiciones generales, e incluso de sentimiento mezquino.


644 - Triunfar



Puedes comenzar de nuevo aunque no tengas fuerzas y no te preocupes que poco a poco recuperaras el entusiasmo, la alegría y la felicidad, que alguna vez tuviste, no importa si te has caído,  ni cuanto daño te has hecho, al final lo único verdaderamente importante es que te levantaste para continuar, por que si realmente lo deseas, lo lograrás.

La realidad es que no importa cuanto se ha perdido hoy, siempre nos queda el mañana, puedes comenzar de nuevo y para ello puedes empezar por:

 1- Perdonar y dejar el pasado atrás, deja de preocuparte por lo que ya paso, ni hables  mas acerca de todo lo sucedido. Mientras mas te conectas al pasado, mas difícil de  resolver se vuelve tu situación. Libérate de esa carga negativa que no te pertenece,  acógete a la magia del perdón y deja el pasado atrás, pues ya no se puede cambiar.

2- Vive tu duelo, muchas veces cuando tratamos de aparentar que somos fuertes,  guardamos todo el dolor que nos causo una situación, convirtiéndonos en una olla de presión a punto de explotar. Llora si tienes ganas y apóyate en esa persona que sabes que esta dispuesta a escucharte con amor

3- Retírate y recupera tu serenidad, ve con frecuencia a ese lugar especial donde te  sientes en paz, escucha tu música preferida para despejar la mente, practica tu rutina de actividad física preferida para liberar el estres, ora o medita para relajarte y volver  a conectar con la presencia divina en tu interior. Es ahí donde se encuentra tu fortaleza.

“No tengas miedo de caer, aprende y levántate, sacúdete el polvo,respira profundo y mira a tu alrededor… hay un día precioso allá fuera y la vida esta esperando a que sonrías de nuevo”

Yasnely Gomez

643 - Iracundos


1. No se desgaste en cosas triviales
Si toma unos pocos segundos de su cotidianidad, descubrirá que muchas veces se enoja por asuntos sin trascendencia. Cada circunstancia debe ser medida en su verdadera magnitud, y constituye ayuda para vencer el problema, tal como recomiendan las Escrituras: “No aprovecharán las riquezas en el día de la ira; mas la justicia librará de muerte.”(Proverbios 11:4)
2. Aprenda a controlar sus emociones
Un joven cristiano iba en su moto cuando un auto le cerró el paso. Afortunadamente el muchacho no iba a alta velocidad, pero obviamente cayó y se produjo unas lesiones leves. Preso de la ira, se levantó y con el casco protección, arremetió contra el vehículo. ¿Resultado? No solo tuvo que pagar los daños sino que, además, debió disculparse con el otro conductor.
3. Responda con aplomo
La ira nos lleva a reaccionar, generalmente sin medir el alcance de las palabras. Por esa razón, el rey Salomón recomendó: “La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor.”(Proverbios 15.1)
4. Pase por alto las ofensas
¿Sabía usted que generalmente dimensionamos las cosas sin razón de ser? Le pongo un ejemplo: soy amigo de caminar al mediodía por la Plaza de Caycedo, un lugar céntrico y hermoso de mí amada santiago de Cali. Muy concurrido, además. En cierta ocasión tropecé y caí. Muy dentro pensaba que todos, absolutamente todos, tenían su mirada fija en mí. ¡Tremendo error! Cada quien siguió en lo suyo. Igual con todo lo que ocurre: a veces le damos más importancia de lo que debería.
Lo aconsejable, si alguien nos ofende o busca provocarnos, es pasar por alto sus palabras: “El necio al punto da a conocer su ira; mas el que no hace caso de la injuria es prudente.”(Proverbios 12:16; 16:14; 19:12)
5.  Evite problemas
En un centro comercial alguien gritaba, fuera de casillas: “¿Por qué me miras de esa forma? Dímelo. ¿Quieres problemas?”. El interlocutor respondió con calma: “Disculpe si lo molesté, señor, pero es que tengo estrabismo en los ojos”. El autor del escándalo quedó en ridículo. Se agenció problemas sin razón: “El hombre iracundo promueve contiendas; Mas el que tarda en airarse apacigua la rencilla.”(Proverbios 15:18; 19:19)
6. No asuma como propios los problemas de otros
Es bueno ser sensible al dolor ajeno, pero no el meternos en problemas de otros porque terminamos involucrados, peleando sin razón: “El que pasando se deja llevar de la ira en pleito ajeno es como el que toma al perro por las orejas.”(Proverbios 26:17)
7. No asuma el comportamiento intolerante de otros
“Soy iracundo porque mi padre era así”, me dijo una señora tras descubrir—en una consejería—que su mayor problema eran las reacciones airadas. Hablamos un buen rato y descubrió, que asumir el comportamiento intolerante de su padre, no hacía otra cosa que traerle problemas. Este tema lo abordó el proverbista cuando escribió: “No te entremetas con el iracundo, Ni te acompañes con el hombre de enojos...”(Proverbios 22:24)

Usted tiene su propia personalidad. Asúmala. Sepa que usted y nadie más que usted es responsable por lo que dice o hace.
Fernando Alexis Jiménez

642 - Seguir adelante


Cuando todo parece terminarse y el panorama es de lo más oscuro, cuando la vida parece haber perdido su significado y no hay más nada que hacer; cuando nos sentimos acorralados por fuerzas superiores a las nuestras, surge la esperanza como recurso final para encontrar un nuevo rumbo, levantar la frente y continuar hacia adelante y renovar los esfuerzos para cumplir con la misión asignada por la vida.

La esperanza es un detonante. Cuando la tenemos se desencadena en nosotros un deseo de luchar, un ánimo especial para afrontar cada una de las actividades cotidianas, incluso las más difíciles. Ella nos permite adquirir el fuerte deseo de seguir adelante cuando nuestras fuerzas nos abandonan y la voluntad necesaria para renunciar a nuestros sueños aún cuando el camino es una cuesta casi imposible de remontar.

La esperanza sana el alma desalentada y con seguridad será una amiga fiel que nunca nos abandonará ni desilusionará. Por eso debemos buscarla, crearla, apegarnos a ella y defenderla de quienes por haberla perdido intentan desacreditarla.

La esperanza es el puente que nos tiende Dios cuando el viento sopla en contra y los obstáculos nos impiden ver su gloria. Es el recurso final que el Creador pone a nuestra disposición cuando parece que no tuviéramos ningún recurso a nuestro alcance.
Humanet.com


641 - Bien que hace feliz al hombre


¿Se puede dar menos? Se puede. La vida eterna se puede comprar por nada, la pueden comprar incluso los que no tienen nada, basta la buena voluntad. En resumen, el precio de la felicidad es la virtud, la buena voluntad es la condición de la felicidad. ¿Qué hemos de pedir a Dios? ¿Riquezas, honores? Estos son bienes pequeños (minima bona). Dios los da a los buenos, para que no pensemos que son malos. Y los da también a los malos, para que no pensemos que son grandes bienes: ¿Qué hemos de pedir? La buena voluntad. La buena voluntad es el bien que nos hace buenos. 

En resumen, en un sentido, el Bien supremo es la vida eterna, o sea, Dios mismo, como Bien que hace feliz al hombre. En otro sentido, el Bien supremo es la buena voluntad, o sea, la virtud, que es el «precio»o la condición de la felicidad.

Demos un paso más. La buena voluntad es lo mismo que la caridad: Y ¿a qué llama caridad Agustín? Al amor bueno, al amor ordenado, al amor que ama lo que debe amar, al amor que ama a Dios como Bien supremo: amor Dei. Por tanto, si la vida eterna es Dios y si la buena voluntad es amor de Dios, se comprende que en otro texto diga Agustín que el precio de la vida eterna (que es Dios) es el amor de Dios: amemus et emimus. 

Ahora bien, el amor de Dios sólo puede darlo Dios, sólo puede venir del Dios que es amor, más concretamente, del Espíritu Santo, que es el Amor personal del padre y del Hijo. La buena voluntad o el amor de Dios (amor Dei) o la caritas es un don, una gracia del Espíritu Santo ¿Qué hemos de pedir? El Espíritu Santo que hará que nuestra voluntad sea buena:  la vida eterna, o sea, el Bien supremo como felicidad, es la posesión de Dios. Y la buena voluntad, o sea, el Bien supremo
como virtud, en cierto modo, es también la posesión de Dios. Sólo si poseemos el Espíritu Santo (Dios), tendremos una voluntad buena y podremos alcanzar la vida eterna. Sólo Dios puede darnos la felicidad, sólo Dios puede hacernos buenos. 
 San Agustín

640 - A través de Él


A través de nuestra vida, nuestro ser y nuestro actuar, Dios se manifiesta a otras personas. A través de nuestros gestos expresamos el Amor de Dios. A través de nuestros hábitos damos testimonio de El. A través de nuestra forma de vivir somos ejemplos de vida para los demás.

639 - Adiós


Cuando hay un dolor profundo, el corazón pesa. Se siente su abatimiento y es como si una enorme losa nos aplastara el pecho. Con esa sensación mortificante y amarga el dolor sube hasta nuestros labios y se convierte en oración:
"Tú lo sabes Señor, lo sabes mejor que nosotros porque Tú conoces a la perfección el corazón de los hombres. Y Tú sabes lo adolorido que está este pobre corazón porque tiene que decir adiós".

Decir adiós es una cosa y saber decir adiós es otra. Decir adiós es abandonarse a ese dolor que tiene sabor a muerte.
Decir adiós es sumergirse en esa profunda pena que nos brota del corazón y se asoma a nuestros ojos convertida en lágrimas.
Decir adiós es quedarse con un hueco en el pecho... es levantar la mano en señal de despedida y darnos cuenta que es el aire, lo único que acarició nuestra piel.
Es volver a casa y ver tantas y tantas cosas del ser amado y junto a esas cosas, un sitio vacío. Es llorar, desesperarse, vivir en la tristeza de un recuerdo.
¡Decir adiós es tan triste y hay muchos adioses en nuestras vidas! El adiós al ser querido que se nos adelantó, el adiós de las madres a sus hijos en países en guerra, el adiós a quién amamos y se aleja del hogar... el adiós que se le da a la tierra que nos vio nacer...

"Señor, sabes que me duele el corazón pero Tú me vas a enseñar a "saber decir adiós".

María Esther de Ariño


638 - Un Préstamo


Un Hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y, de nosotros, aprender a tener coraje. Sí. ¡Es...o es! Ser madre o padre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo a perder algo tan amado. ¿Perder? ¿Cómo? ¿No es nuestro? Fue apenas un préstamo... EL MAS PRECIADO Y MARAVILLOSO PRÉSTAMO ya que son nuestros sólo mientras no pueden valerse por sí mismos, luego le pertenecen a la vida, al destino y a sus propias familias. Dios bendiga siempre a nuestros hijos pues a nosotros ya nos bendijo con ellos"

637 - Frialdad emocional


La indiferencia es un sentimiento o postura hacia algo o alguien caracterizado por no ser ni positivo ni negativo, intermedio entre el desprecio y el aprecio; y relacionado con la apatía. Es el estado de ánimo en que no se siente inclinación ni repugnancia hacia una persona, objeto o negocio determinado. Es un error que conduce a la insensibilidad, la frialdad emocional y el insano despego psíquico, desembocando en la paralización de las más hermosas potencias de crecimiento interior y autorrealización. Como parte de la condición humana, se espera que las personas tengan empatía y puedan relacionarse con los demás. En este sentido, la indiferencia es la negación del ser, ya que supone la ausencia de creencias y motivaciones. Quien es indiferente no siente ni actúa, manteniéndose al margen.


636 - Opinan igual


Estar pendiente de lo que piensen los demás sobre ti, va provocar que te estés comparándote con los demás sintiéndote inseguro de ti mismo, actuar en función de agradar a los demás y sólo por interpretar sin fundamento lo que piensan los demás sobre ti.

Este pensamiento irracional negativo, es infundado, creado en tu mente, sin pruebas que sustenten tu forma de interpretar lo que piensan los demás sobre ti. Es posible que estos pensamientos hayan nacido de dudas vagas, presentimientos o quizás por una o dos experiencias pasadas pero que no tendrían que porque siempre repetirse ¿no crees?

Asumes que tus conclusiones son las correctas sin detenerte a comprobar la certeza de tus pensamientos, quizás para ti mismo es 100% cierto pero sin sustento, quizás te sorprendas de lo que piensan los demás sobre ti.

Toma en cuenta estos consejos para que puedas mejorar la autoestima y puedas corregir algunos pensamientos que no te dejan avanzar en tu relación con los demás, son los siguientes:

1. Lo primero y más importante que debes tener en cuenta es que debes evitar asumir el pensamiento y los sentimientos de los demás. Es mejor no tratar de leer la mente de los demás porque solo lograrás confundirte asumiendo cosas que no son y lo único que lograrás es que tengas baja autoestima.

2. Debes tener en cuenta que de ahora en adelante debes tratar que los sentimientos y pensamientos de otras personas antes de asumirlos y complicarte la vida y eso influya en mejorar la autoestima, debes comprobar, probar y cuestionarte los pensamientos.

3. Si careces de información directa de la persona y solo has escuchado comentarios, entredichos, pero posees otras evidencias, evalúa antes de sacar una conclusión.

Valeria Saavedra

635 - Justificando mentiras


La mentira es uno de los pecados más generalizados en nuestra sociedad, hasta tal punto que la conciencia de muchos cristianos  se ha insensibilizado y debilitado con respecto a este pecado.

Mucha gente cree que es imposible vivir sin mentir, por esa razón la mayoría se justifica al hacerlo, pero toda justificación es ilusoria y carece de todo fundamento, pues la falsedad y la mentira son inmorales y contrarias a la conducta que Dios requiere de sus hijos.

Esto incluye:
Falso testimonio, engaño, hipocresía, exageración, calumnias, deshonestidad, fingimiento, incumplimiento, fraudes, falsificación, excusas, doble vida, pecado encubierto, disimulos.

Debemos desecharlas de todas las áreas de nuestra vida, ya sea en el hogar como en el trabajo, con los amigos, la iglesia, la escuela, es decir de todo ámbito y relación.

Nuestra conducta debe caracterizarse por la honestidad, la honradez, la integridad, la sinceridad, la transparencia y la veracidad.

Una sociedad asentada sobre la mentira y el engaño está destinada a desmoronarse.  
Miguel Rosell

634 - Lo que el otro tiene que decir


Aclarémoslo de una vez: el objetivo de escuchar al prójimo es verdaderamente conocer lo que tiene que decir: sus pensamientos, sus experiencias, sus sentimientos... para comprenderlo mejor , para conocerlo más, para enriquecernos con el don que el prójimo hace de sí mismo al expresarse, todo en un ambiente de respeto absoluto. Los siguientes no son objetivos válidos: tener un sonido de fondo; obtener información con la cual atacar después; mientras oímos, pensar en como rebatir al otro dice; ganar la pelea.

No interpretemos, no demos por supuesto, no pensemos por el otro. En caso de duda, hay que preguntar. Si nos sentimos lastimados con lo que dice alguien que nos quiere, probablemente estamos entendiendo mal. Nuevamente, hay que preguntar. «¿Podrías aclarar más este punto?», «¿Lo que quieres decir es...?».

No es lo mismo -y no podemos tomarlo de la misma manera- algo que nos dice el prójimo cuando está contento o cuando está deprimido, tranquilo o enojado, agotado o lleno de energía, lúcido o confuso... Cada momento es diferente, y hay que tomarlo en cuenta.

Por más que nos moleste lo que el otro nos dice, siempre podemos encontrar una intención positiva en sus palabras, y ésta nos enriquece, nos calma y equilibra.
Yusi Cervantes